La Pirámide de Maslow versión kids 2.0

Sin lugar a dudas, el ámbito de los deseos y las necesidades humanas es un pilar básico para el marketing y la publicidad (o el tan de moda neuromarketing), siempre en búsqueda de ese brillante insight que sirva de palanca para mover al consumidor.

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 Fuente: Wikipedia

Han pasado 75 años desde que Maslow nos diera su famosa Pirámide, basada en las necesidades como motor del comportamiento humano. Sin embargo, a pesar de que han surgido muchas investigaciones y perspectivas diferentes posteriormente, su contenido sigue siendo en muchos aspectos válido.

Por eso, desde TMKF hoy queremos compartir con vosotros nuestra particular actualización de la Pirámide Maslow, aplicada a los niños y adolescentes de hoy.

  1. Necesidades fisiológicas

En la base de la pirámide están las necesidades vitales. Naturalmente, estas necesidades siguen siendo básicamente las mismas (respirar, comer, descansar…), pero podemos hablar de cómo los cambios sociales, familiares y de consumo han afectado al modo de satisfacer estas necesidades. Después de 75 años, la televisión, el ordenador, el móvil, las redes sociales, etc., están afectando a las necesidades fisiológicas de niños y adolescentes. Por ejemplo:

  1. Necesidad de seguridad

Si bien sentirse seguro es básico para cualquier niño, el paso del tiempo también ha introducido cambios importantes en este nivel de la pirámide.

  1. Afiliación

Una vez se sienten seguros y protegidos por la gente y el entorno que les rodea, surge la necesidad de afiliación, la amistad, el afecto, el sentimiento de pertenecer a un grupo…

Y en eso, hoy en día, la tecnología tiene mucho que ver, ya que satisfacen gran parte de esa necesidad a través de las redes sociales.

Tienen la posibilidad de conocer gente con sus mismos gustos y aficiones, crear amistades a distancia (o ligar) de forma mucho más sencilla que hace años, lo que hace que cada vez más utilicen estos medios para cubrir esa necesidad de afiliación.

  1. Reconocimiento

Pero no solo basta con tener followers. Su necesidad de afiliación, al menos a nivel digital, viene prácticamente de la mano de la necesidad del reconocimiento, que se presenta en forma de likes, RTs, FAVs y otras tantas interacciones de las redes sociales.
Todas ellas se han convertido en una forma de comunicación entre los chavales, y por esa razón se sienten reconocidos cuando alguien “valora” los contenidos que comparten: cuantas más interacciones positivas consigan, más reconocimiento y respeto reciben por parte de su comunidad, y eso provoca en ellos una satisfacción a nivel emocional, pero también cerebral.

  1. Autorrealización

La cúspide de la pirámide. Ese momento en el que los chavales llegan a experimentar que lo que hacen, dicen y publican en las redes tiene un impacto real en el resto.

Los chavales se sienten escuchados, comprueban que sus opiniones viajan a través de la red y la gente quiere oírlas, lo que les convierte en auténticos influencers de nuestra época.

De hecho, ser influencer se ha convertido en una de las profesiones que más atraen a los niños de hoy en día.

¿Se puede pedir más? Para un niño o un adolescente, no.


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